Panamá: los retos ambientales en un país de banqueros y comerciantes.

julio 3, 2012

Francisco Rivas R.

Desde los tiempos de la colonia el territorio panameño se especializó en una función “transitista” articulada a los mercados internacionales. Por aquí transitó, a lomo de mulas y en cayucos, gran parte del tesoro americano, hacia la metrópoli española, así como las mercancías provenientes de esta hacia las colonias, utilizando el sistema de flotas para proporcionar una mayor seguridad.

Más adelante, en el siglo XIX y por medio del ferrocarril interoceánico, el oro californiano, mercancías, trabajadores, aventureros, hombres de comercio recorrieron el istmo. Finalmente, en el siglo XX fue construido el Canal de Panamá, consolidando el eje transistmico Panamá – Colón, como el corazón económico, demográfico y político de este pequeño país.

En torno a esta función de tránsito se fueron estructurando diversos servicios, especialmente los de naturaleza militar, financieros y comerciales. Por más de 500 años la defensa militar de esta ruta fue una fuente significativo de ingresos.  Durante del siglo  XVIII el “Situado de Guerra” que llegaba anualmente desde Lima, inyectaba una fuerte cantidad de numerario que vivificaba muchos sectores de la economía, tanto local como externa. El situado era una especie de impuesto que pagaban las colonias con grandes recursos mineros (oro, plata) como Perú, para hacer frente a los ataques de potencias extranjeras, especialmente Inglaterra, por medio de piratas y corsarios.

En el siglo XX la construcción del Canal de Panamá vino acompañada de la instalación de bases militares por parte de Estados Unidos con un propósito defensivo contra la Unión Soviética. El arrendamiento de estas bases contribuyó al financiamiento gubernamental, y las tropas acantonadas aportaron a la economía nacional a través de las exportaciones panameña, así como la generación de empleo directo e indirecto y las remuneraciones a los trabajadores panameños.

La reversión del Canal de Panamá a manos panameñas en 1999, culminó una aspiración común a todos los panameños, puso fin al carácter geo-militar del Canal de Panamá, para convertirse en el principal recurso económico del país. Este fue un cambio transcendental pues consolidó la soberanía nacional, pero desde el punto de vista de la estructura económica, Panamá continuó siendo un país de servicios para el comercio y las comunicaciones a escala mundial, girando como hace 500 años en torno al eje Panamá – Colón, con una de las mayores  concentraciones de la riqueza en las Américas, en manos de banqueros y comerciantes, principalmente.

Con el paso de los años hasta el presente esta “híper especialización” terciaria se ha profundizado. Según las estimaciones del Instituto  Nacional de Estadística y Censo, el Producto Interno Bruto a precios de 1996 sumó $ 23,253.6 millones en 2011. Esto significa que  la economía creció 10.6% con respecto a 2010. Es el mayor crecimiento económico en los últimos cuatro años y es el resultado de una combinación de factores, entre los cuales se destaca un fuerte crecimiento en la inversión pública, tanto en la ampliación del Canal de Panamá como en otras obras de infraestructura, que llevó el sector de la construcción a liderar el crecimiento económico con una tasa de expansión del 17,4% anual. A ello se suma un desempeño notable del consumo -reflejado en un importante dinamismo del comercio y del sector de hoteles y restaurantes- y un ambiente de recuperación del comercio global, especialmente durante el primer semestre de ese año, lo que se reflejó en el fuerte dinamismo del transporte de mercancías y de las exportaciones de la Zona Libre de Colón.

Los Banqueros: muy lejos de las preocupaciones ambientales.

El Centro Bancario Internacional de Panamá (CBI) cerró 2011 con activos por un valor de US$81 mil millones, 13.7% más que en 2010, de acuerdo con la Superintendencia de Bancos. La principal actividad del CBI continua siendo el otorgamiento de crédito, el cual  representa para el 2011 el 61.92% del total de los activos.  Por su parte, la cartera crediticia del Sistema Bancario Nacional ascendió a $41,032 millones con un crecimiento anual del 19.75%. De esta cartera, los préstamos locales, que incluyen tanto  al sector privado como público, suman $29,000  millones. Esto representa un incremento anual del 17.3% respecto al año anterior.  Los depósitos totales del CBI a diciembre de  2011 sumaron $57,931 millones, lo que  representó un crecimiento anual del 12.75% respecto a 2010.

El Centro Bancario Internacional (CBI) de Panamá da trabajo a unos 20.000 panameños y tiene un “peso” del 10 % en la composición del Producto Interno Bruto del país. El crédito interno al sector privado se destina principalmente a los siguientes rubros: construcción  (13.3%), consumo personal (9.6%), hipoteca (13.7%), sector industrial (15.9%) y comercio (22.6%).

De acuerdo con José E. Salazar B.[1], en general los banqueros no ven una conexión directa, tangible, exacta ni legal entre sus negocios y las políticas ambientales. Esto obedecería a los siguientes factores:

  • El cortoplacismo ha inducido a los banqueros a pensar en el balance trimestral antes que en la sostenibilidad de su clientela.
  • Las fallas sistemáticas del mercado para asignar precios a bienes y servicios ambientales, así como para incorporar las externalidades en los productos ya transados en el mercado. Todo esto ha dificultado la visualización del tema ambiental en la gestión empresarial de sus clientes, pues no se refleja en los precios ni en los estados financieros de las empresas ni de los bancos.

De acuerdo con estos conceptos, la responsabilidad ambiental correría a cargo de los clientes del banco: empresas inmobiliarias, establecimientos comerciales y empresas de la construcción, principalmente.  El tema ambiental además sería responsabilidad del gobierno y no del sector bancario, razón por la cual no deben involucrarse.

Sin embargo, en ocasiones las poblaciones afectadas por proyectos de infraestructura han extendido la responsabilidad al sector bancario. El caso del Proyecto Hidroeléctrico Barro Blanco, en el río Tabasará, Provincia de Chiriquí es ilustrativo[2].

La constructora GENISA, propiedad de un grupo económico centroamericano, construye una hidroeléctrica de 28MW en Barro Blanco, el valle del río Tabasará, en la provincia Chiriquí. La energía eléctrica estaría destinada al sistema nacional de energía. El proyecto consiste en una represa de 55 m de altura en su punto más alto y 360m de largo; un embalse de 2,58 Km que abarcaría al menos 6,68 hectáreas de áreas anexas de la Comarca Ngäbe-Bugle. De acuerdo con líderes indígenas más de media docena de comunidades en las márgenes del río serán perjudicadas y unos 5.000 agricultores que dependen del agua potable del río para la agricultura y la pesca se verán negativamente afectados de manera irrevocable.

Con estos argumentos, el liderazgo indígena Ngäbe-Bugle se ha dirigido al Banco Deutsche Investitions- und Entwicklungsgesellschaft GmbH (DEG), el cual proporcionó el financiamiento de 20 millones de euros,  exigiendo que “retire inmediatamente su apoyo y financiación al proyecto Barro Blanco”.  La DEG ha rechazado esta petición, pretextando que Barro Blanco ha cumplido con la legislación panameña en lo relativo al Estudio de Impacto Ambiental y estándares internacionales.

La solicitud planteada por los dirigentes indígenas panameños al banco alemán DEG, es una señal de que en el futuro próximo el sistema financiero panameño deberá compartir responsabilidades ambientales con sus clientes. Posiblemente en el futuro los banqueros empezarán a prestar más atención a los impactos ambientales de los proyectos que financian como un potencial riesgo para sus negocios, en términos financieros y para su imagen corporativa.

Los comerciantes: un poco más cerca a la problemática ambiental.

Como se indicó anteriormente,  Panamá es un país altamente dependiente de las importaciones. Una parte de las importaciones se destinan al mercado interno, predominando, de acuerdo a datos de enero de 2012, los derivados del petróleo ($.220.4 millones), máquinas y aparatos de reproducción y sonido ($ 156 millones), equipo de transporte ($ 112.6 millones), metales comunes ($74.8 millones), productos químicos ($ 69.7 millones) y alimentos ($ 61.3 millones).

Otra parte de las importaciones son realizadas por la Zona Libre de Colón (ZLC), cuya actividad consiste en las re-exportaciones, especialmente dirigidas a América Latina. La mayor parte de las re-exportaciones de la ZLC son ropa, calzado, aparatos electrónicos, productos farmacéuticos, medicinas, perfumería, cosméticos, licores, cigarrillos, textiles, ropa de cama, mantelería y joyería fina. Estos productos son importados desde China Continental, Hong Kong, Taiwán, Japón y los Estados Unidos. El negocio consiste en importar mercancía y reexportarla hacia los países de Latinoamérica.  En enero de 2012 el valor de las importaciones ascendió a $ 933,1 millones y el de las re-exportaciones $ 981,5 millones.

Conclusiones.

Banqueros y comerciantes han jugado un papel predominante en la vida económica, cultural y política de Panamá. En 2004 la señora Linda E. Watt, a la sazón Embajadora de los Estados Unidos en Panamá afirmó que “… Un estudio de la Universidad de Panamá ha mostrado que un grupo de aproximadamente 80 personas, muchas ligadas por lazos empresariales y familiares, controlan cerca de la mitad del producto anual bruto de Panamá”[3]. Gran parte de la debilidad institucional en materia de ambiente se origina en el escaso protagonismo de estos sectores, derivada de su posición objetiva dentro del sistema económico. La materia prima de la banca (dinero), crece ad infinitum basada en tasas de interés compuesto (acuerdo social reciente), lo cual no tiene ninguna relación directa con el medio ambiente, local o global, ni con las leyes naturales.

Los comerciantes, especialmente los que se dedican a la venta de bienes de consumo al detalle, no reconocen en general un rol ambiental específico, pues correspondería a los países industrializados exportadores de estos bienes asumir la responsabilidad en esta materia. Por ejemplo, los comerciantes panameños carecen de toda posibilidad para influir en los sistemas de envasado de los productos de consumo  masivo importados, tales como industrias alimenticias, bebidas, farmacéuticas, cosméticas, higiene y limpieza.

A lo sumo, los comerciantes panameños empiezan a reconocer algún grado de compromiso en el tratamiento de los residuos generados especialmente por los empaques y envases, mediante iniciativas para propiciar el reuso y el reciclaje.

Esta visión cortoplacista y desaprensiva de banqueros y comerciantes en materia ambiental ha permeado a otros sectores empresariales, con los que mantienen estrechas relaciones económicas e incluso familiares: el sector inmobiliario, turístico, construcción, minero, energético, etc. Estos sectores están actuando de manera agresiva y sin contemplaciones sobre los recursos naturales contribuyendo a la deforestación, la destrucción de manglares, la sobreexplotación de los recursos hídricos, entre otros impactos ambientales destructivos.

En un próximo artículo nos referiremos a las posibles alternativas para enfrentar este estado de cosas.


[1] José E. Salazar B, El Banquero Exitoso, La fórmula verde,  Primera edición: Lima, marzo del 2000. Impreso en Perú. http://www.finanzasambientales.com/docs/JSalazar_El%20banquero%20exitoso.pdf

[3] Linda E. Watt, “Palabras de la Embajadora de los Estados Unidos a Casa Esperanza”, En: The Panama News, vol. 10, No. 13, 4 – 17 julio 2004.

2 comentarios to “Panamá: los retos ambientales en un país de banqueros y comerciantes.”

  1. Cindy Santamaría Says:

    Es interesante el artículo, pero sé que recientemente en la cumbre de Rio, participó un banco de la localidad, el cual hizo importantes aportaciones en el tema de responsabilidad y gestión ambiental. Sería interesante conocer de esa gestión.

    Me gusta


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