La historia secreta de la contaminación y la EPA

marzo 21, 2015

Hemos recibido de Fernando Bejarano G. su artículo “La historia secreta de la contaminación y la EPA  un libro de E.G Vallianatos y McKay Jenkins”. El artículo lo envió Bejarano G a través de npogroups.org para IPEN, el 10 de marzo de 2015.

El libro de E.G Vallianatos y McKay Jenkins, comenta Fernando Bejarano, centra su atenciónPoisonSpring principalmente en el caso de los plaguicidas con numerosos ejemplos del fallo de la EPA y la complicidad con la industria química durante las administraciones de los presidentes Ronald Reagan (1981-89), George H W Bush (1989-83), Bill Clinton (1993-2001), George W Bush (2001-2009) e incluso de la administración actual de Barack Obama. Como es conocido, la misión de la  Environmental Protection Agency (EPA) de los Estados Unido consiste en proteger la salud de los seres humanos y el medio ambiente.

Con el título de Poison Spring: The Secret History of Pollution and the EPA, el libro de E.G Vallianatos y McKay Jenkins, puede ser adquirido en Amazon en esta dirección: http://www.amazon.com/Poison-Spring-Secret-History-Pollution/dp/1608199142

A continuación el artículo de Fernando Bejarano.

La historia secreta de la contaminación y la EPA un libro de E.G Vallianatos y McKay Jenkins
Fernando Bejarano G.

“Escribí este libro para contar la historia de lo que aprendí en la Agencia de Protección Ambiental, donde trabajé de 1979 al 2004. Esta historia-secreta, exasperante, y trágica- explica por qué y cómo la industria química y otras han capturado a la EPA y la han convertido de una agencia de protección ambiental a una agencia de protección a los contaminadores”. Así empieza el libro de E.G. Vallianatos que trabajó durante 25 años como “generalista” en la Oficina de Programas de Plaguicidas de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) en Estados Unidos. Se trata de un testimonio de primera mano que nace de su experiencia personal y de la consulta de miles de documentos gubernamentales a los que tuvo acceso (memorándums, cartas, estudios, informes y notas), algunos rescatados antes de ser destruidos; así como de participar en innumerables reuniones con científicos y personas involucradas en la política pública, según apunta el autor principal en el prólogo junto con el periodista ambiental McKay Jenkins.
Los autores no se andan con rodeos y nos advierten “La Oficina de Programas de Plaguicidas, la organización más grande de la EPA, donde realicé la mayor parte de mi trabajo, está esencialmente en manos de la industria química global de los plaguicidas, y esto ha sucedido bajo las administraciones republicanas y demócratas. La EPA se convirtió en un lugar donde la ciencia honesta ha sido reemplazada por “evaluaciones de riesgo” y “análisis costo-beneficio” deshonestas, que sirven ambos como una delgada cubierta burocrática para poner los intereses de la industria por delante de la salud pública y el ambiente”.
Evagellos Vallianatos, es un estadounidense de origen griego, con formación como zoólogo en la Universidad de Illinois, con un doctorado en historia en la Universidad de Wisconsin en 1972 y estudios postdoctorales en historia de la ciencia en Harvard. Ha escrito también interesantes artículos y libros sobre el impacto de la industrialización de la agricultura y las raíces agrarias de la democracia en la Grecia Antigua, ver http://www.vallianatos.com/?page_id=3
Los autores señalan cómo la industria química opera detrás de organizaciones de fachada como la American Chemical Society, el Toxicology Forum, la American Crop Protection Association ó la Asociación de Productores de Maíz de Iowa, formando poderosos grupos de interés que influyen en el Congreso Como se contribuye con jugosas donaciones a las campañas de ciertos congresistas y como se aceita “la puerta giratoria” entre la industria y el gobierno en la que personas claves del sector privado pasan a ocupar lugares importantes en las oficinas de regulacil sector privadooy el gobierno en industria pasa a ocupar lugares claves en las oficinas de regulaci1972 y estudios postdoctioraón y viceversa, del gobierno pasan a las empresas que antes regulaban. Fenómeno que ha durado décadas y que inició con el primer director de la EPA, Ruckelshauss, designado por Richard Nixon en 1970, que pasó al terminar su servicio público a ocupar puestos directivos de poderosas compañías madereras como la Weyerhaeuser; regresando a la EPA 10 años después cuando lo llamó Reagan, saliendo después otra vez para ocupar jugosos puestos en Monsanto, Cumming Engine Company, American Paper Institute y otros grupos de empresas que cabildean para el debilitamiento de la leyes ambientales.
En un capítulo titulado “El pantano: el gran negocio de la ciencia fraudulenta”, se describe el caso de los Laboratorios Industriales Bio-Test ó IBT que falsificó de manera fraudulenta información científica en pruebas con animales durante 25 años y que fue contratada por algunos de las empresas químicas más ricas y poderosas, como Monsanto, para probar sus productos. “ De hecho, oficiales tanto de la EPA como del Departamento de Justicia que fueron responsables de la investigación y persecución de los crímenes cometidos por IBT de manera deliberada decidieron no ir después por las corporaciones como Monsanto y Chevron que se beneficiaron de los crímenes de IBT. Si lo hubieran hecho, el caso de IBT pudo haber cerrado un largo segmento de la industria química americana”. Sólo en el caso de los plaguicidas los laboratorios IBT falsificaron información de por lo menos 212 ingredientes activos, lo que significan miles de formulaciones posibles en Estados Unidos y el mundo. En 1981, la EPA calculó que cerca del 65% de los estudios de estos laboratorios debían considerarse inválidos. El escándalo fue enorme pues se calcula que cerca del 40% de todas las pruebas del agronegocio industrial y de la industria química, contrataron servicios del IBT, según afirman estos autores.
Más allá de las historias particulares del caso de IBT y otros dos casos en Texas y Pensylvania, los autores señalan “ El tema mayor que está detrás es, por supuesto, el conflicto de interés inherente en una situación en la que laboratorios privados pagados por la industria química hacen las pruebas en las que se basa el gobierno para proteger al público”. Y al final del capítulo afirman “La contratación de laboratorios aún domina las pruebas de las sustancias químicas, y son frecuentes ahora como lo fueron antes. Las empresas privadas no la EPA contratan a estos laboratorios para probar sus productos.” Es decir, primero se restringe el presupuesto de la EPA, se desmantela su biblioteca y se reducen el numero de sus laboratorios, y luego se privatizan los servicios, algo parecido a lo que ha estado pasando en otros países que han adoptado el modelo neoliberal estadounidense. Es con base en la información de la industria que la EPA evalúa los riesgos a la salud y el ambiente en un balance que debe hacer con los beneficios. El conflicto de intereses en el proceso de evaluación de riesgos de la EPA ha sido descrito con mayor detalle por otros científicos ejemplificando el caso de la evaluación de atrazina sobre los anfibios, en un artículo reciente publicado en BioScience en diciembre del 2014.
No nos da el espacio para contar con mayor detalle los otros ejemplos que se describen en los diversos capítulos del libro: como la EPA baso por muchos años su política sobre dioxinas basado en estudios de Monsanto que científicos de la EPA acusaron de ser fraudulentos en los conflictos causados por la exposición al “agente Naranja “(mezcla de los herbicidas 2,4, 5 T más 2,4 D) en los veteranos de la guerra de Vietnam y la posterior negociación política con Dow para no prohibir y dejar libre al 2,4-D; la investigación sobre los efectos neurotóxicos entre los trabajadores agrícolas que fue financiada primero y luego suspendida por la EPA en el estudio de los efectos del paratión metílico y otros organofosforados; el problema de los insecticidas neonicotinoides y la muerte de millones de abejas; el problema de la contaminación del agua por plaguicidas como aldicarb, atrazina y muchos otros en Iowa, entre otros estados; el estudio financiado por la EPA que encontró la presencia de clorpirifos y pentaclorofenol en la orina de las poblaciones de latinos de Estados Unidos, en tiempos de Reagan; los problemas de las fumigaciones aéreas y su deriva. Hasta terminar en los tiempos actuales del Presidente Obama y la protección de los intereses de las transnacionales con los cultivos transgénicos y el aumento de herbicidas como glifosato y 2,4-D, y los problemas de la fracturación hidráulica y el uso de cientos de sustancias químicas tóxicas, con la complicidad de la EPA.
Vallianatos y Jenkins proponen en las conclusiones que para que la EPA defienda realmente el interés público de la salud y el medio ambiente debe ser un organismo independiente,“ políticamente neutral” para no estar comprometida con los intereses de la Casa Blanca o el Congreso y menos con la industria. Sugiere que el director de la EPA sea una persona con gran integridad moral y credenciales científicas, nombrado por 10 años, a la que se pueda garantizar recursos que permitan a los científicos reconstruir los laboratorios, bibliotecas y capacidades de investigación, limitando los contactos con los cabilderos de la industria y poniendo plazos para que sus empleados no trabajen en la industria al salir de este organismo. Además plantea la necesidad de cambiar la política y apoyar a la agricultura familiar y las alternativas como la agricultura orgánica, en lugar de las grandes corporaciones que controlan la agricultura industrial en Estados Unidos.
En resumen, un libro que vale la pena ser leído que documenta cómo la ciencia y las regulaciones gubernamentales pueden ser corrompidas y manipuladas por los intereses de las grandes corporaciones, especialmente en la era del neoliberalismo en los Estados Unidos, aunque el autor no usa este concepto. Es un libro testimonial con la narración de una serie de hechos documentados más que un trabajo con pretensión académica, pues no hace uso de un marco analítico más amplio sobre el sistema económico o político donde se inserta la política de la EPA, por lo que su propuesta de cambio queda poco desarrollada.

Fernando Bejarano G.

“Escribí este libro para contar la historia de lo que aprendí en la Agencia de Protección Ambiental, donde trabajé de 1979 al 2004. Esta historia-secreta, exasperante, y trágica- explica por qué y cómo la industria química y otras han capturado a la EPA y la han convertido de una agencia de protección ambiental a una agencia de protección a los contaminadores”. Así empieza el libro de E.G. Vallianatos que trabajó durante 25 años como “generalista” en la Oficina de Programas de Plaguicidas de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) en Estados Unidos. Se trata de un testimonio de primera mano que nace de su experiencia personal y de la consulta de miles de documentos gubernamentales a los que tuvo acceso (memorándums, cartas, estudios, informes y notas), algunos rescatados antes de ser destruidos; así como de participar en innumerables reuniones con científicos y personas involucradas en la política pública, según apunta el autor principal en el prólogo junto con el periodista ambiental McKay Jenkins.

Los autores no se andan con rodeos y nos advierten “La Oficina de Programas de Plaguicidas, la organización más grande de la EPA, donde realicé la mayor parte de mi trabajo, está esencialmente en manos de la industria química global de los plaguicidas, y esto ha sucedido bajo las administraciones republicanas y demócratas. La EPA se convirtió en un lugar donde la ciencia honesta ha sido reemplazada por “evaluaciones de riesgo” y “análisis costo-beneficio” deshonestas, que sirven ambos como una delgada cubierta burocrática para poner los intereses de la industria por delante de la salud pública y el ambiente”.

Evagellos Vallianatos, es un estadounidense de origen griego, con formación como zoólogo en la Universidad de Illinois, con un doctorado en historia en la Universidad de Wisconsin en 1972 y estudios postdoctorales en historia de la ciencia en Harvard. Ha escrito también interesantes artículos y libros sobre el impacto de la industrialización de la agricultura y las raíces agrarias de la democracia en la Grecia Antigua, ver http://www.vallianatos.com/?page_id=3

Los autores señalan cómo la industria química opera detrás de organizaciones de fachada como la American Chemical Society, el Toxicology Forum, la American Crop Protection Association o la Asociación de Productores de Maíz de Iowa, formando poderosos grupos de interés que influyen en el Congreso Como se contribuye con jugosas donaciones a las campañas de ciertos congresistas y como se aceita “la puerta giratoria” entre la industria y el gobierno en la que personas claves del sector privado pasan a ocupar lugares importantes en las oficinas de regulacil sector privadooy el gobierno en industria pasa a ocupar lugares claves en las oficinas de regulaci1972 y estudios postdoctioraón y viceversa, del gobierno pasan a las empresas que antes regulaban. Fenómeno que ha durado décadas y que inició con el primer director de la EPA, Ruckelshauss, designado por Richard Nixon en 1970, que pasó al terminar su servicio público a ocupar puestos directivos de poderosas compañías madereras como la Weyerhaeuser; regresando a la EPA 10 años después cuando lo llamó Reagan, saliendo después otra vez para ocupar jugosos puestos en Monsanto, Cumming Engine Company, American Paper Institute y otros grupos de empresas que cabildean para el debilitamiento de la leyes ambientales.

En un capítulo titulado “El pantano: el gran negocio de la ciencia fraudulenta”, se describe el caso de los Laboratorios Industriales Bio-Test ó IBT que falsificó de manera fraudulenta información científica en pruebas con animales durante 25 años y que fue contratada por algunos de las empresas químicas más ricas y poderosas, como Monsanto, para probar sus productos. “ De hecho, oficiales tanto de la EPA como del Departamento de Justicia que fueron responsables de la investigación y persecución de los crímenes cometidos por IBT de manera deliberada decidieron no ir después por las corporaciones como Monsanto y Chevron que se beneficiaron de los crímenes de IBT. Si lo hubieran hecho, el caso de IBT pudo haber cerrado un largo segmento de la industria química americana”. Sólo en el caso de los plaguicidas los laboratorios IBT falsificaron información de por lo menos 212 ingredientes activos, lo que significan miles de formulaciones posibles en Estados Unidos y el mundo. En 1981, la EPA calculó que cerca del 65% de los estudios de estos laboratorios debían considerarse inválidos. El escándalo fue enorme pues se calcula que cerca del 40% de todas las pruebas del agronegocio industrial y de la industria química, contrataron servicios del IBT, según afirman estos autores.

Más allá de las historias particulares del caso de IBT y otros dos casos en Texas y Pensylvania, los autores señalan “ El tema mayor que está detrás es, por supuesto, el conflicto de interés inherente en una situación en la que laboratorios privados pagados por la industria química hacen las pruebas en las que se basa el gobierno para proteger al público”. Y al final del capítulo afirman “La contratación de laboratorios aún domina las pruebas de las sustancias químicas, y son frecuentes ahora como lo fueron antes. Las empresas privadas no la EPA contratan a estos laboratorios para probar sus productos.” Es decir, primero se restringe el presupuesto de la EPA, se desmantela su biblioteca y se reducen el numero de sus laboratorios, y luego se privatizan los servicios, algo parecido a lo que ha estado pasando en otros países que han adoptado el modelo neoliberal estadounidense. Es con base en la información de la industria que la EPA evalúa los riesgos a la salud y el ambiente en un balance que debe hacer con los beneficios. El conflicto de intereses en el proceso de evaluación de riesgos de la EPA ha sido descrito con mayor detalle por otros científicos ejemplificando el caso de la evaluación de atrazina sobre los anfibios, en un artículo reciente publicado en BioScience en diciembre del 2014.

No nos da el espacio para contar con mayor detalle los otros ejemplos que se describen en los diversos capítulos del libro: como la EPA baso por muchos años su política sobre dioxinas basado en estudios de Monsanto que científicos de la EPA acusaron de ser fraudulentos en los conflictos causados por la exposición al “agente Naranja “(mezcla de los herbicidas 2,4, 5 T más 2,4 D) en los veteranos de la guerra de Vietnam y la posterior negociación política con Dow para no prohibir y dejar libre al 2,4-D; la investigación sobre los efectos neurotóxicos entre los trabajadores agrícolas que fue financiada primero y luego suspendida por la EPA en el estudio de los efectos del paratión metílico y otros organofosforados; el problema de los insecticidas neonicotinoides y la muerte de millones de abejas; el problema de la contaminación del agua por plaguicidas como aldicarb, atrazina y muchos otros en Iowa, entre otros estados; el estudio financiado por la EPA que encontró la presencia de clorpirifos y pentaclorofenol en la orina de las poblaciones de latinos de Estados Unidos, en tiempos de Reagan; los problemas de las fumigaciones aéreas y su deriva. Hasta terminar en los tiempos actuales del Presidente Obama y la protección de los intereses de las transnacionales con los cultivos transgénicos y el aumento de herbicidas como glifosato y 2,4-D, y los problemas de la fracturación hidráulica y el uso de cientos de sustancias químicas tóxicas, con la complicidad de la EPA.

Vallianatos y Jenkins proponen en las conclusiones que para que la EPA defienda realmente el interés público de la salud y el medio ambiente debe ser un organismo independiente,“ políticamente neutral” para no estar comprometida con los intereses de la Casa Blanca o el Congreso y menos con la industria. Sugiere que el director de la EPA sea una persona con gran integridad moral y credenciales científicas, nombrado por 10 años, a la que se pueda garantizar recursos que permitan a los científicos reconstruir los laboratorios, bibliotecas y capacidades de investigación, limitando los contactos con los cabilderos de la industria y poniendo plazos para que sus empleados no trabajen en la industria al salir de este organismo. Además plantea la necesidad de cambiar la política y apoyar a la agricultura familiar y las alternativas como la agricultura orgánica, en lugar de las grandes corporaciones que controlan la agricultura industrial en Estados Unidos.

En resumen, un libro que vale la pena ser leído que documenta cómo la ciencia y las regulaciones gubernamentales pueden ser corrompidas y manipuladas por los intereses de las grandes corporaciones, especialmente en la era del neoliberalismo en los Estados Unidos, aunque el autor no usa este concepto. Es un libro testimonial con la narración de una serie de hechos documentados más que un trabajo con pretensión académica, pues no hace uso de un marco analítico más amplio sobre el sistema económico o político donde se inserta la política de la EPA, por lo que su propuesta de cambio queda poco desarrollada.

 

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